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A un paso del cauce

  • En Managua los cauces sin malla son un peligro latente para los ciudadanos
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 Sin una malla que detenga la caída, basta un paso en falso para ir a dar al fondo de un cauce. Los Bomberos realizan uno o dos rescates de este tipo cada mes. LA PRENSA/ R. ortega

 

Anagilmara Vílchez Z


Desde hace 41 días la pierna derecha de Mercedes Ruiz permanece enyesada. Una fractura en la “chimpinilla” le recuerda la noche en la que por un “paso en falso” cayó de pie en el cauce que atraviesa los barrios Monseñor Lezcano, Cuba y Santa Ana. Su sobrino intentó evitar la caída; pero los brazos de su tía de 41 años se le deslizaron entre las manos.

 

“Si él no me hubiera soltado se habría ido conmigo y él se desnuca. Caí. Me raspé y me quebré la tibia (hueso largo que recibe el peso del cuerpo desde el fémur y lo transmite al pie). El mismo doctor me sugirió que hiciéramos cartas para que pongan mallas ahí, porque no solo yo me he caído en ese cauce, varias personas del barrio también”, comenta Ruiz, mientras toca el yeso que inicia en los dedos de su pie derecho y termina en la rodilla.

 

Los habitantes de los barrios aledaños al cauce coinciden en que la mayoría de las personas que allí han caído se “arrimaron” en estado de ebriedad a esta obra de drenaje que tiene unos cinco o seis metros de profundidad. Otros se acercaron a orinar o simplemente pasaron por el lugar equivocado.

 

“Levantamos firmas y el Gobierno nunca hizo nada”, asegura Roberto López, habitante de Monseñor Lezcano. Además señala que la obra, construida en los años noventa, fue diseñada para evitar accidentes como los de Mercedes Ruiz, pero que “las esperas” (piezas metálicas destinadas a soportar la malla) han sido robadas por “drogadictos” que las venden en las chatarreras.

 

Marlene Reyes, vecina de Ruiz, rápidamente nombra a cinco ciudadanos que por distintas razones se han resbalado en ese cauce. Cuatro son varones.

 

Augusto Flores, de la Red de Comunicación de la Cruz Roja, afirma que en la capital los socorristas atienden una o dos emergencias de este tipo cada mes. “A la mayoría los rescatamos vivos y golpeados”, apunta Flores.

 

“Gracias a Dios no había correntada. No estaría contándote esta historia”, dice Ruiz, quien espera su próxima cita médica. Hasta ese día sabrá si su hueso se reparó. Si no es así, deberá pasar más tiempo enyesada desde los dedos hasta la rodilla.

 

Asegura que “técnicamente no hay una norma” que regule la instalación de medidas de seguridad en obras de drenaje, que en la capital suman aproximadamente 300 kilómetros.

 

 

Según el expresidente de ANIA, colocar verjas de hierro o mallas de unos seis pies de altura “podría costar tal vez unos 2,000 córdobas por cada metro de cauce” .