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Asesinos a sueldo, un embrión en Nicaragua

  • Unas 700 muertes violentas se producen en Nicaragua cada año, pero en las estadísticas no se especifica las circunstancias en que ocurrieron. Mientras las noticias dan cuenta de sicarios operando en el país, las autoridades niegan este fenómeno. ¿Cuál será la realidad?
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El asesinato por seis sicarios hondureños de Wilfredo Barraza Larios, es uno de los pocos casos que las autoridades de Nicaragua aceptan como sicariato. Barraza fue secuestrado junto a dos amigos por personas vestidas con uniformes militares y fuertemente armadas en Carretera Sur, apareció muerto en Cárdenas, Rivas.

LA PRENSA/ ARCHIVO

 

 

Por Eduardo Cruz

 

El 8 de diciembre del año 2007, tres personas fueron encontradas muertas en la comunidad de Tasbapounie (Laguna de Perlas, RAAS). Dos de ellas tenían las manos cortadas y metidas en la boca. La población aseguró haber visto a seis sicarios rondando la zona días antes del crimen.


Otro hecho de terror se registró el 10 de octubre del 2010, cuando tres hombres fueron encontrados muertos en una comunidad de Cárdenas, Rivas. Habían sido ejecutados con saña, especialmente Wilfredo Barraza Larios, quien recién acababa de salir de la cárcel, adonde se encontraba acusado por tráfico de drogas. La Policía informó que eran sicarios hondureños quienes habían perpetrado el crimen.


Las noticias sobre este tipo de crímenes no se han detenido. El 20 de septiembre del 2011, un hermano del comisionado de la Policía, Yuri Valle, actual jefe de Bluefields, fue asesinado de un tiro por sujetos que circulaban en una moto en el barrio El Edén. No le robaron nada.


Dos días después, el 22 de septiembre, el líder comunitario de una localidad de la Cruz de Río Grande (RAAS), Ronald Davis, fue asesinado de dos balazos. Las investigaciones de la Policía indicaron que quienes lo mataron recibieron dinero por hacerlo.


Y el 28 de septiembre de este año, cerca de la gasolinera del barrio Waspam, el comerciante Danilo Orozco Hernández murió baleado mientras conducía su camioneta, a manos de sujetos que le dispararon desde otro vehículo. Una persona detenida por el hecho, confesó que le habían pagado por cometer el crimen.


"EN NICARAGUA NO HAY SICARIOS"


"No", en Nicaragua no existen sicarios, gritan tanto la Policía como la Fiscalía, cuando se les consulta si el país ya está infectado de asesinos a sueldo.


Delia Rosales, la secretaria ejecutiva de la Fiscalía, asegura que en la historia de la institución (desde 2001) nunca se ha procesado a nadie por sicario. Lo que ocurre es que no existe un delito que se denomine sicariato, sino únicamente asesinato y homicidio, los cuales son asociados al crimen organizado.


Mientras el comisionado mayor Fernando Borge, vocero policial, informó que en toda Nicaragua no existe ningún grupo de sicarios organizado, sino que las muertes ocurridas a manos de este tipo de asesinos no son "generalizadas", es decir, son "hechos aislados", a como les llamó la fiscal Rosales.


El comisionado Borge solo reconoce, como obra de sicarios, el asesinato de Barraza junto a otras dos personas, y el caso de los cuatro policías de Bluefields que fueron asesinados por el crimen organizado en el año 2004. Los sicarios son personas destinadas a matar y son solo un tentáculo del enorme pulpo que supone el crimen organizado, explicó Borge, quien opina que no se le puede llamar sicario a la persona que mata por venganza, aunque le paguen por ello.


¿HECHOS AISLADOS U OCULTADOS?


El lunes 4 de octubre del 2010 iba a ser el último día de Gerardo Suárez, el fiscal departamental de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS). Un grupo de narcotraficantes le puso precio a su cabeza: 80 mil dólares. Otro grupo ofrecía 50 mil.


Días antes la Corte Suprema de Justicia (CSJ) había destituido a varios jueces suplentes de la región y a dos secretarios judiciales por tener nexos con narcotraficantes, quienes en parte atribuyeron la culpa al fiscal departamental. Afortunadamente se frustró el atentado.


La RAAS es la zona del país más golpeada por el crimen organizado, y donde se ha visto más actuar de los asesinos a sueldos, considera Roberto Orozco, experto en temas de seguridad del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp).


De 70 muertes violentas que ocurrieron en el 2010, 33 de ellas estaban vinculadas al crimen organizado y 22 fueron causadas por sicarios. "En Nicaragua ya tenemos una expresión de sicariato", dijo Orozco, quien reconoció que comparado con los demás países de la región centroamericana, incluido México y Panamá, Nicaragua está en una "etapa" embrionaria en el tema de los sicarios.


A pesar de que las autoridades insisten en que no hay expresiones de sicariato en el país, para algunos sectores ese optimismo podría ocultar una situación menos alentadora.
Tal vez por razones políticas, o porque es año electoral, o bien para que Nicaragua no pierda el estatus de "país más seguro de la Región", las autoridades no publican cifras reales, estimó Roberto Orozco, del Ieepp.


Un ejemplo de que sicarios operan en Nicaragua desde hace tiempo es el asesinato del empresario Lino Orozco, ocurrido en el año 2003, cerca de la rotonda de Bello Horizonte. Poco después la Policía anunció que le haría un reconocimiento como Héroe Anónimo, ya que supuestamente colaboraba con la Policía en la lucha contra el narcotráfico.


El comisionado Borge señala que se debe diferenciar entre un sicario y un asesino, puesto que los primeros están "seleccionados, entrenados, equipados y destinados para matar", mientras que la mayoría de los casos que han ocurrido en Nicaragua se trata solo de vendetas.


Para el vocero policial, el sicariato no tiene fronteras y Nicaragua, donde no hay grupos delincuenciales de ese tipo, se ve afectada por los grupos que operan en la región, desde México hasta Colombia.


"Pasada de cuentas no es sicariato", admite Orozco, pero indica que en el país "ya hay señales claras de sicariato".


Para Mónica Zalaquett, directora del Centro de Prevención de la Violencia, el tema de los asesinos a sueldos no es lo más grave en el país, sino la gran cantidad de armas que se encuentran en manos de civiles, especialmente las que circulan de manera ilegal y las que son fabricadas de manera artesanal o "hechizas".


¿EXPORTACIÓN?


Otro síntoma que preocupa son las recurrentes menciones que se hacen en los medios extranjeros de nicaragüenses participando en operaciones de sicariato fuera del país.


Un periódico de Colombia informó de la ubicación de dos nicaragüenses que estaban estudiando para sicarios en ese país del sur. En México se informó que el nicaragüense José Arturo Villarreyna Pineda operaba como sicario en ese país y que incluso se lió a balazos con la Policía. Y los diarios nacionales han dado cuentas de personas que laboran reclutando a nicaragüenses para que presten servicio a Los Zetas.


Para algunos sectores, Nicaragua podría ser una fuente de asesinos a sueldo, especialmente por la pobreza, los grupos de exmilitares y excontras, así como por los jóvenes que andan en pandillas.


Pero lo que más preocupa es la gran cantidad de expolicías que han sido dados de baja deshonrosa y que desde que eran uniformados ya habían sido captados por el crimen organizado.


Solo en Bluefields, en el año 2010, según un informe de la Fiscalía un total de 58 policías fueron dados de baja por sus vínculos en el narcotráfico. Esa cifra representa el 16.4 por ciento de los policías que fueron cesados por "actos de corrupción" en el 2008, a nivel nacional.


El comisionado Borge insiste en que el sicariato opera a nivel internacional. "Ellos viajan en avión, con todas las condiciones", expresa el vocero policial. Mientras tanto en Nicaragua las noticias continúan informando de muertes que generan ganancias a quienes los cometen.

 

 

 

 

Un total de 11 sicarios fueron capturados en Rivas, en el año 2008, con armas y una lista de personas a las que tenían órdenes de matar. Luego fueron absueltos de conspiración por asesinato, pero fueron culpados por otros delitos.

LA PRENSA/ ARCHIVO